Miguel Urbán Crespo: « Proletarios del mundo uníos. Es la última llamada »

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Miguel Urbán Crespo. DR.

Mohsen Abdelmoumen: Usted pidió la aplicación de un impuesto Covid a los individuos de alto valor neto y a las corporaciones multinacionales. ¿Por qué? En su opinión, ¿no nos mostró la crisis de Covid-19 el fracaso del modelo neoliberal?

Miguel Urbán Crespo: La emergencia de la Covid ha sido especialmente letal tras décadas de políticas neoliberales de recortes sobre los servicios públicos y la sanidad. El coronavirus nos ha mostrado que en los centros y países donde más se ha invertido en la sanidad hay menos muertes, porque como ya sabíamos no hay mejor escudo social que proteger los derechos fundamentales y lo común. El derecho a la salud ha sido cercenado por las políticas neoliberales. y el coste de esta pandemia se cifra en cientos de miles de vidas.

La deslocalización y desindustrialización ha causado que los países europeos en plena catástrofe vírica, no hayan podido fabricar el material necesario de emergencia para combatir la Covid-19. Europa necesita una reindustralización acorde a un cambio de modelo productivo social, ecologicamente justo y feminista. La economía tiene que estar al servicio de la vida, y no para engordar los beneficios privados. Es sin duda una de las grandes lecciones de esta crisis.

¿No acentuó la crisis de Covid-19 la crisis del capitalismo? ¿No deberíamos poner fin al sistema capitalista de una vez por todas?

Esta pandemia ha desnudado las vergüenzas del capitalismo. Las insuficiencias del capitalismo para afrontar el reto de proteger las clases populares y salvaguardar las vidas han quedado demostradas. Son tiempos para analizar las consecuencias de años continuados de recortes a lo público. Antes de esta pandemia, en el Foro de Davos ya se alertaba sobre una crisis económica próxima. El Covid-19 ha acelerado su llegada. Hay que denunciar las políticas que nos han llevado hasta aquí. Si Marx escribiera el manifiesto comunista hoy terminaría con la frase: “Proletarios del mundo uníos. Es la última llamada”.

La crisis financiera de 2008 la pagaron, finalmente, las clases populares socializando las perdidas de los bancos y grandes empresas tras décadas en las que los beneficios se habían privatizado. No se pueden volver a socializar las deudas y las pérdidas de una minoría peligrosa de millonarios, dejando a familias enteras hundiéndose en la miseria. Las clases populares no tienen que pagar sus crisis, ni afrontar solas los devastadores efectos de la mismas.

En definitiva, hoy el capitalismo nos está abocando a un precipicio civilizatorio. Ser anticapitalista es apretar el freno de emergencia para este tren sin frenos que se avoca al precipicio en el que se ha convertido el capitalismo.

Trabajaste en la evasión de impuestos en Europa, que asciende a sumas astronómicas. ¿Cómo explicas el comportamiento de este 1% de gente rica que no paga impuestos?

Coordine el trabajo del grupo de la izquierda (GUE) durante dos años en las comisiones especiales de investigación sobre evasión y elusión fiscal en el Parlamento Europeo. En el mundo más de 600.000 millones – la mitad del PIB de España – se desvían a estas guaridas fiscales. Los Panamá Papers, por ejemplo, demostraron cómo se realizaba un robo en toda regala a las finanzas publica a través de los mal llamados ‘paraísos fiscales’. Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, más del 30% de la inversión mundial en 2015 se realizó a través de paraísos fiscales o centros de inversión extraterritoriales. Stiglitz afirmó en el Parlamento Europeo que presenciamos un régimen fiscal global injusto y detrás de los paraísos fiscales se abre un sector que se basa en el secretismo para crear una “economía global en la sombra”.

A pesar de las reiteradas proclamas patrióticas con las que se llenan la boca los principales partidos políticos, las empresas multinacionales y multimillonarios a quienes rinden pleitesía no tienen más patria que el dinero. Filtración tras filtración descubrimos nuevos nombres de corporaciones, famosos o políticos que utilizan empresas offshore o pantalla para ocultar su verdadero patrimonio en guaridas fiscales al margen de las obligaciones tributarias. La única patria verdadera de los evasores fiscales es el dinero. Que no tapen con banderas las cajas fuertes donde guardan los beneficios que no tributan y que deberían financiar políticas sociales.

Estamos asistiendo a una autentica revuelta de los privilegiados en donde los multimillonarios y multinacionales se niegan a pagar impuestos practicando un auténtico terrorismo fiscal con la ayuda cómplice de los gobiernos y principales partidos, mientras se dedican a denunciar o a amenazar a quien denuncia sus prácticas de desfalco de las finanzas públicas. Es por esto que la lucha contra la evasión fiscal se torna hoy más que nunca en un cuestionamiento del orden mundial neoliberal imperante, un cuestionamiento del acaparamiento del conjunto de los recursos del planeta por la minoría del Uno por ciento.

¿Cómo explica el hecho de que hayan aumentado las desigualdades entre una minoría de 1% que concentra la totalidad de la riqueza mundial y una mayoría que vive en total precariedad?

La evasión y la elusión fiscal no son casos aislados o coyunturales, entrañan un fenómeno estructural del capitalismo líquido de nuestro tiempo, íntimamente ligado a la ofensiva neoliberal que desde hace décadas azota nuestras economías. El propio Joseph Stiglitz, premio nobel de economía, afirmó en el Parlamento Europeo que padecemos un régimen fiscal global injusto y que detrás de los paraísos fiscales se abre un sector que se basa en el secretismo para crear una “economía global en la sombra”.

Los paraísos fiscales son uno de los principales responsables de la extrema desigualdad en la concentración de la riqueza, ya que permiten que las grandes multinacionales y las grandes fortunas no paguen la parte justa de los impuestos que les corresponden. De hecho, todos los estudios muestran como nunca ha habido tanto dinero en paraísos fiscales como ahora. Según el economista Gabriel Zucman hay cerca de 7,6 trillones de dólares procedentes de fortunas personales ocultos en lugares como Suiza, Luxemburgo y Singapur. Esto genera que las estadísticas sobre desigualdad subestimen de manera considerable el verdadero grado de concentración de la riqueza, ya que no incluyen el dinero oculto en estas jurisdicciones opacas o paraísos fiscales.

Hay que apostar por un modelo decidido de redistribución de la riqueza, no podemos el 99 por ciento tener el 1 por ciento de la riqueza mundial. La respuesta tiene que ser internacional. Netflix, que llega a más de tres millones de hogares en España paga 3.000 euros en impuestos – lo mismo que abona un trabajador con renta baja de impuestos en el Estado español -. Ahora que en Europa se habla del Green New Deal, hay que recordar que Roosevelt gravó un 94 por ciento el IRPF de quienes contaban con fortunas superiores a los 200.000 dólares – lo equivalente a más de 2 millones de euros hoy en día -. Hay que poner en el centro el debate del reparto de la riqueza y del trabajo, incluir las lógicas feministas y hablar de ecosocialismo.  Ejes fundamentales de nuestras propuestas. Todo esto no es posible si una minoría peligrosa sigue siendo inmensamente rica. Hay que decidir: O se gobierna para una minoría peligrosa de multimillonarios, o para las mayorías sociales.

Hay que implementar una tasa Covid para que paguen más, quienes más tienen con un impuesto finalista a las grandes fortunas, multimillonarios y multinacionales con el fin de financiar nuestra sanidad y servicios sociales. Se deben tomar medidas ambiciosas de este tipo. Les toca pagar las facturas a los que más tienen y no a las clases populares.

Usted es un defensor del pueblo que está muy involucrado en causas justas, en particular la del pueblo saharaui. ¿Por qué, en su opinión, se ignora esta causa en Occidente? ¿Por qué los medios de comunicación nunca hablan de la lucha del pueblo del Sáhara Occidental por su liberación?

Ese silencio tiene raíces en el origen del propio hecho en 1975, cuando España simplemente vendió el Sáhara a Marruecos, en medio de intereses geopolíticos estratégicos específicos de las potencias que, aunque el tablero internacional ha cambiado, los intereses sobre la región no y son éstos mismos los que mantienen comprados el silencio y la inacción cómplice de lo que vemos hoy.

En 1975, en el terreno internacional y en medio de la Guerra Fría, Estados Unidos con Henry Kissinger al frente de la diplomacia, no permitiría el establecimiento de un régimen socialista amigo del argelino, aliado de los soviéticos, en un área de tanta importancia estratégica como el Sáhara Occidental, tanto por su situación geográfica como por sus recursos ricos en fosfatos. De ahí que apoyase y alentase la anexión del Sáhara Occidental a Marruecos, sirviéndose de sus aliados, España y Arabia Saudí.

Con este mismo gesto, Kissinger se aseguraba la estabilidad de la monarquía marroquí, rival de Argelia y situado en el flanco noroeste de África, con costa en dos mares y con capacidad para controlar el estrecho que une el Mediterráneo y el Atlántico y al mismo tiempo, Arabia Saudí aseguraba un importante aliado en la Liga Árabe. Todo con el apoyo de Estados Unidos y la financiación saudí. Kissinger tuvo muy claro el juego geopolítico de la época y nunca tuvo escrúpulos en actuar según los intereses del momento.

En el caso específico de España, esta traición hacia el pueblo saharaui nace vinculada al inicio de la restauración borbónica, inaugurando una de las páginas más negras de la política exterior española en la transición y el papel de quien hoy es el rey emérito Juan Carlos I. En ese sentido, profundizar en esta traición histórica conlleva cuestionar el regreso de la monarquía y a la monarquía en sí misma, algo que el establishment mediático y político se ha negado a lo largo de estos años y hasta día de hoy incluso cuando, en pleno confinamiento por el COVID-19, estalló por los aires el enésimo escándalo de corrupción vinculado a la corona con el descubrimiento de otra cuenta millonaria y la fundación offshore Lucum, en la que Juan Carlos I atesora 100 millones de euros de supuestas comisiones ilegales de Arabia Saudí. Hay una trayectoria de intercambio de favores y corrupción, entre la teocracia saudí y el rey emérito, donde el abandono del Sáhara Occidental es sólo el inicio. Así, no debemos olvidar que la corona española es heredera del franquismo y la figura del rey fue clave en la transición y los Pactos de la Moncloa, que institucionalizaron la impunidad sobre la que está asentada la democracia española. Cuestionar la monarquía es cuestionar todo ese sistema de impunidad.    

Entrevisté a Ana Gomes, diputada del Parlamento Europeo, que me habló de un lobby marroquí muy poderoso en las instituciones europeas y en el Parlamento Europeo. ¿Cómo explica el hecho de que algunos parlamentarios elegidos por su pueblo se vendan y, en lugar de apoyar la justa causa de un pueblo, defiendan al ocupante y al colonizador, es decir, a Marruecos? ¿No es eso inmoral?

En Bruselas hay alrededor de unos 15.000 “lobistas” trabajando para unos 2.500 grupos de presión o lobbies. Aunque se han lanzado iniciativas para regular esta actividad, ésta viene dictada en función de los intereses del capital y las grandes empresas por lo que las relaciones entre la UE, Marruecos y el Sáhara Occidental no están exentas de esa realidad. A nivel de bloque, esta UE es una gran máquina garantista del funcionamiento de los mercados y no de la garantía de derechos de las personas. Lo hemos visto y lo seguimos viendo incluso en este momento, cuando se habla de afrontar una crisis social y económica anunciada pero desatada por una crisis sanitaria, la cual interpela directamente servicios públicos de calidad, es decir, derechos. Llegamos a las instituciones para cambiar esas prácticas, para hacerlas nuestras, ponerlas al funcionamiento de las mayorías populares y la solidaridad entre los pueblos y no de los mercados.

Evidentemente, el gobierno de Marruecos se gasta cantidades ingentes de dinero para influir en las políticas europeas, lo pudimos comprobar en el informe del parlamento europeo sobre el acuerdo comercial UE-Marruecos. Un acuerdo que en ningún caso podría incluir a territorios ocupados saharauis según lo dictaminado por el propio Tribunal Justicia Europeo, pero al final las presiones del gobierno marroquí surtieron efecto y se incluyeron. Poco antes de la votación del informe parlamentario que avalaba el acuerdo comercial supimos que la diputada que actuaba como ponente  pertenencia a una fundación patrocinada con dinero del gobierno de Marruecos. Un escandalo de estas características hubiera servido para invalidar el propio informe pero al final se retiro la firma de la diputada salpicada por el escandalo y el informe se aprobó tal cual.

Soy argelino y mi país sufrió los crímenes del colonialismo francés. ¿Acaso la causa del pueblo saharaui no concierne a toda la humanidad, sabiendo que es la descolonización de un país?

Por supuesto, pero no solamente el pueblo saharaui sino tantos otros pueblos que hoy en día están luchando por el derecho a su autodeterminación como condición sine qua non para procesos de descolonización de más largo alcance. Alrededor del mundo tenemos muchos casos: el pueblo kurdo, el más grande sin Estado propio y dividido entre cuatro Estados; el pueblo palestino, que acumula décadas de sangre, ocupación e injusticia; los pueblos originarios en Latinoamérica, como el pueblo mapuche que, dividido entre lo que hoy es Chile y Argentina, sigue resistiendo desde la colonización primigenia de la invasión española hace 500 años.

En ese sentido, la emancipación de los pueblos y su descolonización es una cuestión de todas las que aspiramos a cambiar el mundo de base. Pero es necesario ampliar nuestros esquemas de análisis sobre las implicaciones de la “descolonización” de acuerdo a ofensivas neocoloniales tal como el extractivismo como política económica depredadora del medio ambiente y que es impuesta a regiones enteras, la imposición de una cultura hegemónica, las divisiones que imponen las propias fronteras, entre otros, y que los ejemplos antes mencionados ponen en valor como parte de una misma lucha.

Toda la humanidad sufre de Covid-19. ¿Cómo explica el trato inhumano del pueblo palestino en Gaza, privado de todo y que continúa sufriendo el bloqueo criminal de Israel?

No es sencillo explicar los horrores de la humanidad. Mientras la dinámica internacional está marcada por la pandemia del Covid19, el ejército de Israel sigue invirtiendo en el asedio humanitario a Gaza y el hostigando a las comunidades palestinas de Cisjordania que Israel ha intentado expulsar durante décadas, también con cierto silencio y complicidad internacional.

Vimos a finales de marzo, cómo Israel confiscó carpas designadas para una clínica de campo en el norte de Cisjordania, es decir, el apartheid israelí sigue demostrando que no tiene ninguna medida ni freno a pesar de la emergencia sanitaria actual. Intervenir una iniciativa comunitaria de atención básica durante una crisis sanitaria es un ejemplo cruel del abuso israelí, pero que ya es la normalidad instalada en estas comunidades y por supuesto, va en contra de todos los principios y normas de los derechos humanos.

¿Por qué el silencio del mundo sobre las durísimas condiciones de vida del pueblo de Gaza bajo el Covid-19?

El silencio es relativo, pero generalizado sobre todos lo efectos de las necropolíticas que el capitalismo ejecuta a nivel mundial. En tu pregunta y para el caso de Israel sabemos que el lobby sionista es necesario para reforzar al Estado militarista de Israel y es una herramienta necesaria para blanquear sus propias estrategias en agendas de organismos internacionales y en su aliado natural, Estados Unidos, mimetizando sus posiciones oficiales en políticas que salen de Washington, con intereses geopolíticos claros. Evidentemente, el aparato mediático que le acompaña debe tener, necesariamente, ese mismo poder y alcance. También hay que destacar que desde nuestro grupo político, durante la pandemia del Covid, hemos señalado en el parlamento la situación dramática de Gaza denunciando su bloqueo ilegal e inhumano

Trabajaste en el ascenso de la extrema derecha en Europa. ¿Cómo explica que la ideología del fascismo que causó la muerte de millones de Europeos haya resucitado de nuevo? ¿No refleja este ascenso de grupos de extrema derecha y neonazis que han tomado el poder en algunos países el fracaso de los partidos políticos tradicionales que gobernaron Europa después de la Segunda Guerra Mundial?

El auge de la extrema derecha es una peligrosa realidad que nos remite a los peores fantasmas de Europa, pero hay algo al menos igual de peligroso: cómo se están comprando las propuestas de la extrema derecha por parte de los grandes partidos de la Gran Coalición neoliberal, un fenómeno conocido por muchos sociólogos como la lepenización (Nota: en referencia a Jean-Marie Le Pen, fundador del Frente Nacional de extrema derecha en Francia) de las políticas migratorias europeas. En Europa además se han justificado los recortes de derechos y libertades con políticas de xenofobia institucional como los de la Europa Fortaleza que han convertido al mediterráneo en la mayor fosa común del mundo. Sin duda todo esto ha ayudado a normalizar a la extrema derecha, algo que no deja de ser paradójico, cuando el día de conmemoración de Europa sea el 9 de Mayo, el día de la victoria sobre el nazismo. Una celebración que reconoce implícitamente la génesis antifascista de la democracia europea.

La crisis de los partidos que tradicionalmente han ostentado el poder después de la II Guerra Mundial, no parece ser un síntoma particular de un país concreto sino mas bien europeo, un síntoma de su transformación en ese extremo centro que gobierna Europa en una gran coalición. En los últimos años hemos visto como fundamentalmente ha sido la socialdemocracia la que se ha visto desplazada electoralmente por la emergencia de nuevas fuerzas que están ocupando gran parte de su espacio político. Aunque en la mayoría de los casos este desplazamiento se ha producido hacia la derecha, en algunos casos también se ha producido por su izquierda como en Grecia o en España. Pero recientemente también hemos visto un alto coste electoral por parte de la derecha democristiana que han cedido mucho espacio hacia su derecha, el caso de España con la emergencia de Vox es un buen ejemplo.

El crecimiento de la extrema derecha esta estrechamente ligado a la extensión de las politicas neoliberales. Porque más allá de los recortes y privatizaciones concretas, la austeridad es, como afirma el economista Isidro López, la « imposición » para un 80% de la población europea de un férreo imaginario de escasez. Un « no hay suficiente para todos » que abre la puerta al “entonces algunos sobran”. La escasez como motor de los mecanismos de exclusión. Aquel fenómeno que Habermas definió como “chauvinismo del bienestar” y donde se cruzan las tensiones siempre latentes entre el estatuto de ciudadanía y la identidad nacional. Situaciones en los que el malestar social y la polarización política se canalizan a través su eslabón más débil (el migrante, el extranjero o simplemente el « otro »), eximiendo así a las elites políticas y económicas responsables reales del expolio.

El Brexit sido un buen ejemplo de cómo la polarización política puede expresarse de forma contradictoria en una revuelta anti-establishment que combine nacionalismo excluyente, demagogia antiinmigración y hartazgo ante la desigualdad social. De esta forma, el vacío que genera una alternativa política creíble europea lo ocupa el miedo, la xenofobia, el repliegue identitario, el egoísmo estrecho y la búsqueda de “cabezas de turco”. Pero es importante tener en cuenta que este fenómeno no es europeo exclusivamente. Nos enfrentamos a una ola internacional autoritaria y reaccionaria donde hay diferentes credos y religiones: el papel de los evangelistas en América Latina, el islamismo o induismo radical son solo algunos ejemplos. Asistimos a una involución democrática sin precedentes en las últimas décadas que pone en riesgo hasta los mismos conceptos de la democracia liberal.

Como eurodiputado comprometido con causas justas, ¿no cree que el Parlamento Europeo debería desempeñar un papel más importante que hoy en la resolución de los conflictos que afectan a ciertos países como Yemen, Libia, etc.?

Lo creo y así lo he denunciado en distintas oportunidades. El problema es que durante demasiado tiempo la mayoría de los países europeos han tenido a Arabia Saudí como socio preferente en la región gracias a la diplomacia de los petrodolares y/o los jugosos contratos de infraestructuras y armamento de las empresas españolas, francesas, británicas o alemanas, que han pagado con clamorosos silencios oficiales la violación sistemática de los derechos humanos, como una estrategia de compra de voluntades que incluye a Gobiernos y medios de comunicación europeos. Por duro que resulte decir y escuchar no todas las muertes valen lo mismo, no todos los conflictos armados tienen la misma repercusión o el mismo tratamiento político desde las instituciones europeas.

Venezuela continúa siendo atacada por los Estados Unidos. Al apoyar a Juan Guaido, el títere de los Americanos, ¿no ha cometido Europa un grave error? En su opinión, ¿no debería detenerse la intervención imperialista de EE.UU.?

Cuando la autoproclamación de Guaidó como presidente en enero de 2019, no todos los Estados Miembro le reconocieron. Uno de los primeros en reconocerle fue España, lo que me parece una auténtica vergüenza. Como bloque, la UE también cedió a la presión de Estados Unidos frente a la situación: el 31 de enero a través de una Resolución del Parlamento Europeo, se reconoce a Juan Guaidó como presidente interino de la República Bolivariana de Venezuela.

Este episodio ha permitido el impulso de una nueva etapa en la ofensiva internacional contra Venezuela. Por una parte, el capital trasnacional identifica en Voluntad Popular, el partido de Leopoldo López y Guaidó, una posibilidad de salida a favor de la lógica de reestructuración del mercado, razón por la cual sigue manteniendo el reconocimiento y apoyo de muchos países. También, más de sesenta países subordinados a Estados Unidos, lanzan una ofensiva mediática contra el Gobierno de Maduro y una nueva posibilidad de intervención bajo la figura de “ayuda humanitaria”.

Nosotros siempre hemos mantenido un total rechazo a cualquier tipo de ofensiva de la oposición contra el Gobierno bolivariano. No hay que olvidar que la oposición venezolana está liderada por sectores profundamente antidemocráticos vinculados a las clase dominante, la que se enriqueció a través de concesiones para la extracción y exportación de petróleo a través de compañías norteamericanas. La industria petrolera organiza los campos de la lucha de clases en Venezuela. Así, esta petro-burguesía viene preparando un programa de autoritario contra las conquistas de la revolución bolivariana, algunas de ellas muy mermadas por la crisis que vive el país desde hace un tiempo.

En ese sentido, es prioritario parar la ofensiva del imperialismo y de la clase dominante, lo cual no implica no tener críticas al gobierno de Maduro y a su gestión política. En cuanto a quién o cómo detener esa ofensiva imperialista, por supuesto, la respuesta no ha de llegar desde Europa. No se puede desarticular un imperialismo activando otro bajo un neocolonialismo. La revolución ha de pasar por ampliar las libertades, profundizar la democracia, redistribuir más la riqueza, y construir mecanismos institucionales que garanticen que la economía este al servicio de las necesidades de las clases populares. En una expresión: poder popular, contra todo tipo de ofensiva imperialista.

¿No es necesario formar un frente antiimperialista global para contrarrestar los malvados planes de las sucesivas administraciones estadounidenses? ¿No debería Europa liberarse de la hegemonía estadounidense?

Ciertas estrategias que en el pasado sirvieron para reabrir ciclos de acumulación, como el expansionismo imperialista colonial, están bloqueadas porque la propia expansión capitalista ha provocado que no quede ningún lugar del mundo libre de la lógica del capital.

Al hilo del caso de Venezuela, al igual que la dirección política de la oposición responde a sus intereses de clase, a nivel mundial se defienden los intereses del capital. Si bien esa es una acción impulsada por los EE.UU, bajo la jefatura de Trump, se enmarca en una lógica mundial y, regionalmente, en un contexto de golpes de estado, blandos o autoritarios en función de país, en América Latina como en Brasil, Honduras, Paraguay y más recientemente Bolivia (aunque éste no entraría en la categoría de golpe de estado blando), dentro de la misma lógica, cuya consecuencias inmediatas han sido una dura represión sobre activistas y comunidades en resistencia. Estos golpes han contado con el silencio cómplice de gobiernos y prensa internacional.

El capitalismo está en una onda larga depresiva, provocada por una crisis de rentabilidad, cuya principal causa es la tendencia descendente de la tasa de ganancia. Ante esta permanente dificultad el capitalismo ha buscado, como sistemáticamente viene haciendo, su salida en la intensificación de la explotación humana y de la naturaleza en un proceso de devaluación permanente del trabajo y de degradación de la biosfera. Así, será la crisis ecológica la que introduzca, como ya lo está haciendo, nuevos límites al desarrollismo capitalista pero también nuevos límites a los ciclos transformadores y sus estrategias. En este sentido es fundamental levantar un nuevo internacionalismo solidario y militante que pueda construir un proyecto ecosocialista que responda desde los diferentes contextos y particularidades regionales al reto comun de enfrentar un escenario post-capitalista.

A lo largo de la historia, siempre hemos visto que las crisis del capitalismo conducen a la guerra. ¿No cree que la recesión que se perfila con la crisis de Covid-19 podría llevar a una guerra provocada por la administración Trump contra la China?

La crisis ecológica y la finitud de los recursos del planeta es algo central para entender el desarrollo de la crisis capitalista, aún más en el mundo post pandemia Covid-19, cuyo impacto no podemos ver aún en su totalidad, pero que previsiblemente cambiará la balanza de los poderes y acelerará la crisis arrastrada desde 2008.  Hasta esta coyuntura, la tendencia hacia una recomposición del capitalismo a nivel mundial había adquirido la forma de “desglobalización” aunque en apariencia ya que el telón de fondo ha seguido siendo la financiarización global de la economía. Esto es el nodo central, hoy en día, de la geopolítica: cómo en un mundo competitivo y en crisis, las grandes potencias consiguen colocarse en mejor situación. Los Estados compiten entre ellos por el capital, lo que se manifiesta en la reorganización a gran escala de la oligarquía capitalista con nuevos agentes, nuevas fracciones del capital (de forma especial en Asia) quienes están en disputa por el control de la riqueza y el ingreso.

La guerra comercial entre EE. UU. y China, o el Brexit, forman parte de ese proceso de reestructuración del sistema mundo a nivel global, que tratará de dividir el mundo en zonas de influencias que compiten entre sí. Ello explica también la aparición de nuevas formas de expolio de los países empobrecidos, particularmente grave en el extractivismo y el control de las tierras fértiles o los recursos de agua. La posibilidad de una guerra a gran escala parece descartada temporalmente por razones políticas e insisto, será la crisis ecológica la que determine el rumbo de la crisis.

Entrevista realizada por Mohsen Abdelmoumen

 

¿Quién es Miguel Urbán Crespo?

Miguel Urbán Crespo es un político español, miembro del Parlamento Europeo en el Grupo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, y un activista anticapitalista. Como Diputado del Parlamento Europeo, es miembro de la Comisión de Desarrollo, de la Subcomisión de Derechos Humanos, de la Delegación para las Relaciones con Mercosur, y de la Delegación en la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana. Es también suplente de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, y de la Delegación para las Relaciones con la República Federativa de Brasil.

Published in American Herald Tribune May 21, 2020: https://ahtribune.com/interview/4177-miguel-urban-crespo.html

In Palestine Solidarité: https://www.palestine-solidarite.org/analyses.mohsen_abdelmoumen.220520.htm